
Innovar a nivel internacional desde un rincón con recursos limitados puede parecer una hazaña imposible. Sin embargo, la clave no está en dónde nos encontramos, sino en cómo pensamos. Un cambio de paradigma en la cultura interna de nuestro equipo puede convertir la escasez y la adversidad en combustible para la creatividad. De hecho, la historia demuestra que la adversidad puede ser un catalizador de la innovación: los desafíos actúan como motor que empuja a organizaciones y personas a superar sus límites y encontrar soluciones originales. No es casualidad que, a lo largo del tiempo, muchas crisis hayan sido semillero de ideas creativas que no habrían surgido en épocas de comodidad.
El reto, entonces, es adoptar un mindset a la altura de las ciudades más vanguardistas del mundo, incluso si nuestro entorno inmediato es adverso. Si logramos cultivar internamente una mentalidad “de clase mundial” –una cultura de equipo positiva, resiliente y enfocada en posibilidades– podremos generar innovaciones de calidad internacional sin importar las trabas externas. A continuación, exploraremos cómo construir ese mindset y cultura interna ganadora.
Alegría y positivismo inteligente como estrategia
Una de las claves está en sostener la alegría y el optimismo incluso en entornos difíciles. Mantener pequeños estímulos diarios que nos hagan sentir positivos puede marcar la diferencia en la creatividad del equipo. Las emociones positivas funcionan como catalizadores de la creatividad porque expanden nuestra mente, mientras que las emociones negativas tienden a contraerla y limitar nuestro foco. En otras palabras, un estado de ánimo alegre y esperanzado abre paso a más ideas y enfoques flexibles para resolver problemas.
Por supuesto, hablamos de un optimismo sensato, no delirante. Se trata de cultivar un positivismo inteligente, una especie de “zen” mental que nos permite concentrarnos en soluciones sin negar la realidad. Es encontrar motivos para sentirnos realizados con pequeños logros cotidianos, y desde ahí encarar desafíos mayores con energía renovada.
“No permitamos que nuestras carencias saboteen nuestro estado de crecimiento creativo.”
Esta frase resume la actitud: no dejar que las limitaciones (de recursos, de contexto) contaminen la mentalidad del equipo. Al contrario, usamos esa alegría estratégica para entrar en “flow” creativo y construir ideas innovadoras. Un equipo que se siente motivado y con confianza en medio de la tormenta pensará con más originalidad que aquel paralizado por la queja o el miedo.
Aislar la negatividad y blindar la cultura del equipo
Tan importante como fomentar lo positivo es proteger la cultura interna de las influencias negativas. En entornos adversos abundan los círculos viciosos de pesimismo: rumores catastrofistas, quejas constantes, resignación colectiva. Un líder debe aislar esas energías para que no contaminen al equipo. Esto implica establecer una especie de “burbuja” cultural: reglas claras, valores compartidos y un propósito común que actúen de escudo frente al entorno hostil. Cuando todos en el equipo comprenden “las reglas de esta sociedad” interna y trabajan por una meta alcanzable y motivadora, se genera un compromiso que dificulta la penetración del negativismo externo.
Crear una cultura blindada también significa brindar seguridad psicológica. El equipo debe sentirse cómodo para proponer ideas locas, asumir riesgos y fracasar sin miedo. Como señalan los expertos, las empresas que valoran la creatividad y la flexibilidad –y que fomentan un ambiente donde los empleados se sienten seguros al asumir riesgos– tienden a tener más éxito en tiempos de adversidad. En otras palabras, la confianza interna derrota al miedo ambiente. Si dentro de nuestra organización reina la transparencia, el apoyo mutuo y la convicción de que “estamos juntos en esto pase lo que pase”, será más fácil mantenerse enfocado en innovar aunque fuera truene.
En Argency hemos comprobado que la relación líder-equipo debe ser sana y “pura” para prosperar bajo presión. Significa comunicar con honestidad, evitar culpas y eliminar políticas internas tóxicas. Un equipo unido por la confianza recíproca va a rendir mucho más creativamente que aquel donde predomina la desconfianza o las pugnas internas. Blindar la cultura es, en definitiva, crear un oasis donde las buenas ideas puedan nacer y crecer resguardadas del caos exterior.
Pensar en grande: ¿Por qué no acá?
Otro pilar de este mindset ganador es sentirse parte del mundo a pesar de las distancias. Adoptar una mentalidad global, incluso desde una localidad remota, expande nuestras ambiciones. Preguntarnos constantemente “Si en otra parte del mundo lo logran, ¿por qué no acá?” derriba barreras mentales y nos anima a pensar en grande. No importa si estamos en Mendoza, en una ciudad pequeña o en un país con problemas económicos: las mentes más capaces e innovadoras no tienen código postal. Debemos atrevernos a creer que las mismas grandes obras e innovaciones que vemos afuera también pueden gestarse en nuestro entorno.
De hecho, tener una perspectiva global suele disparar la creatividad y la innovación. Las personas que piensan más allá de las fronteras tienden a desarrollar más ideas novedosas . Al sentirnos ciudadanos del mundo, conectados a las tendencias y avances internacionales, dejamos de ponernos techos bajos. Imitamos las mejores prácticas de los polos más vanguardistas y las adaptamos a nuestra realidad local.
Claro que al principio puede parecer descabellado. Muchas ideas pioneras inicialmente “no conectan” con el mercado local y cuesta encontrar apoyo. Pero con perseverancia, esa visión global termina encontrando resonancia. Las ondas que emitimos acaban sintonizando con las “frecuencias” mundiales y eventualmente la innovación abre camino. La historia está llena de inventos y proyectos que parecían fuera de lugar en su contexto hasta que de pronto encontraron su momento. Por eso, atreverse a imaginar “nivel Silicon Valley” desde nuestra trinchera es clave. El “¿por qué no acá?” debería ser mantra diario de la cultura interna.
“Si en otro lugar del mundo se puede innovar, ¿por qué no acá?”
Cuando el equipo adopta este credo, comienza a verse a sí mismo compitiendo de igual a igual con cualquier empresa global. Esa autoimagen ambiciosa es poderosa: rompe el complejo de periferia y libera el talento local para jugar en las “grandes ligas” de la innovación.
Innovar desde Mendoza: nuestros “cinco minutos de éxito”
En Argency hemos vivido en carne propia lo que un mindset osado puede lograr, incluso desde Mendoza. A lo largo de los años tuvimos varios “cinco minutos de éxito” –destellos de creatividad que demostraron el potencial de pensar sin límites–. Algunos ejemplos reales:
- La boleta que habla (2013): En pleno auge de la realidad aumentada, desarrollamos una idea revolucionaria para el marketing político. ¿Y si las boletas electorales cobraran vida? Creamos un sistema para que, al escanear con el celular la papeleta de voto, el candidato apareciera hablando de su plataforma. Esta mezcla de papel físico con tecnología AR resultó tan innovadora que nos abrió puertas insospechadas: hasta la Presidenta de la Nación nos recibió para conocer el proyecto, que tuvo repercusión en medios de todo el país. Una idea gestada lejos de la capital logró insertarse en la conversación nacional.
- Pioneros con beacons: Fuimos de las primeras agencias en Argentina en adoptar los beacons (esas pequeñas balizas Bluetooth de baja energía) para experiencias de marketing. Desarrollamos una plataforma propia cuando esta tecnología recién asomaba. Esta visión temprana nos permitió ofrecer soluciones de geolocalización en interiores y activaciones innovadoras en tiendas antes de que se popularizaran en el mercado local. Mostramos que desde nuestro “garage” se podía anticipar tendencias tecnológicas globales.
- MIALBEC: la primera Inteligencia Artificial del Malbec: Para el 17 de abril, Día Mundial del Malbec, nos enfrentamos al mismo desafío de todos los años: contar algo nuevo sobre una cepa que ya lo dijo (casi) todo. Entonces decidimos levantar la copa con tecnología. Así nació MIALBEC, una inteligencia artificial entrenada exclusivamente para hablar de Malbec: variedades, maridajes, historia, terroirs, bodegas y anécdotas, con data, tono y pasión de fanático. Un “sommelier digital” en el bolsillo, pensado para amplificar la experiencia y acercar el Malbec a nuevos públicos sin perder identidad. Una forma distinta —y bien mendocina— de celebrar lo nuestro mirando hacia adelante.

- La revolución del kilo de helado (2001): En medio de la brutal crisis argentina de 2001, ayudamos a una cadena de heladerías a virar su estrategia de precios. Rompimos el esquema tradicional (donde ¼ kg costaba exactamente la cuarta parte del kilo, etc.) y propusimos otra fórmula: vender el ½ kg y ¼ kg a precios proporcionalmente más altos que el kilo. Así incentivamos al cliente a llevar kilos enteros (más baratos por unidad) y, si compraban menos, la empresa obtenía mayor margen. ¿El resultado? Aumentó el ticket promedio y la idea se difundió por todo el país. Hoy prácticamente todas las heladerías de Argentina usan esta estrategia de pricing. Una solución nacida en la adversidad que transformó la industria.
Estos casos prueban que se pueden generar ideas potentes desde contextos adversos. Con ingenio y valentía, convertimos limitaciones (tecnológicas, geográficas o económicas) en propuestas inéditas que captaron atención. La adversidad nos obligó a pensar diferente y eso derivó en innovación.
De la chispa fugaz al fuego sostenido: el desafío de perdurar
Ahora bien, un aprendizaje crucial tras años de experimentar con la innovación es que no basta con generar “chispazos” creativos; hay que sostener el fuego en el tiempo. En Argency, esas ideas geniales a veces fueron tan disruptivas que nos consumieron toda la energía en el esfuerzo de materializarlas y darlas a conocer. Luego del boom inicial, nos encontrábamos sin resto para seguir impulsándolas o desarrollándolas a largo plazo. El resultado: iniciativas brillantes pero fugaces, que no pasaron de ser anécdotas o casos puntuales.
Esta reflexión nos lleva a enfocarnos en la perseverancia como parte del mindset. Una cultura interna verdaderamente innovadora no solo celebra la idea sino que se prepara para el después: la ejecución sostenida, la mejora continua y la evangelización de la novedad hasta lograr impacto duradero. Convertir una buena idea en un cambio real requiere persistencia. Implica seguir iterando, adaptando y empujando incluso cuando la emoción inicial se enfría. Requiere asignar recursos, tiempo y fe para que esa semilla de innovación crezca en un árbol robusto y no se marchite tras la primera flor.
En entornos difíciles, perseverar es doblemente retador porque las distracciones negativas siempre amenazan con desviarnos o desanimarnos. Por eso, el mindset del que hablamos debe incluir resiliencia y enfoque a largo plazo. No caer en la tentación de la queja cuando surgen obstáculos, sino recordar el propósito común y mantener la llama encendida. La cultura interna debe apoyar este esfuerzo recompensando la constancia, aprendiendo del error y no bajando los brazos ante el primer fracaso. Al final del día, la innovación sostenida distingue a las organizaciones que trascienden de las que solo tuvieron un momento de gloria pasajera.
Conclusión: Cultura ganadora contra viento y marea
Liderar en un entorno adverso sí es posible cuando se cultiva la mentalidad adecuada. Una cultura interna fuerte –fundada en la alegría inteligente, la protección frente a la negatividad, la visión global y la perseverancia– puede convertir cualquier crisis en oportunidad creativa. No podemos elegir siempre las condiciones externas, pero sí podemos elegir nuestro mindset. Y esa elección lo cambia todo: con el mindset correcto, las debilidades se transforman en oportunidades, las amenazas en ideas innovadoras.
En última instancia, la innovación de calidad internacional “empieza en casa”. Depende de cómo nutrimos a nuestro equipo y qué historias nos contamos puertas adentro. Si logramos que nuestra gente crea en grande, se sienta segura para crear y sepa que incluso desde la adversidad se puede brillar, estaremos dando el primer paso para lograr grandes cosas desde cualquier lugar del mundo.
Lejos del ruido. Cerca de las ideas.





