Quirón
Dentro de la pirámide de Quimera —la casa de los blends de Achaval Ferrer—, Quirón ocupa un lugar singular.
Es el vino ícono del sistema y la pieza que condensa su filosofía más profunda.
Quimera nace como una búsqueda constante de la perfección. Una idea inalcanzable, pero siempre perseguida. En ese recorrido, cada vino cumple un rol preciso. Quirón representa el punto más alto de esa pirámide: la sabiduría necesaria para comprender que la complejidad no siempre se simplifica, a veces se lee en conjunto.

Un blend que empieza en el viñedo
Quirón honra la experiencia de aquellos inmigrantes que, en un pequeño espacio, combinaron distintas variedades de vid que aún hoy conviven en un mismo cuartel. Este field blend comienza en el viñedo: las diferentes uvas se cosechan y vinifican juntas, dando origen a un vino de singularidad inigualable.
Desde la estrategia, entendimos que este rasgo debía ser el corazón del relato. Desde el diseño, el desafío fue traducirlo con sobriedad, sin artificios, en línea con el lenguaje del sistema Quimera.
Este proceso se traduce visualmente a través de un estudio ampelográfico, dispuesto de manera pulcra y minimalista.


La idea hecha forma
Como en toda la pirámide de Quimera, la búsqueda de la perfección es una constante. En Quirón, se expresa encontrando orden en el desorden: analizando y potenciando las virtudes de cada cepa para que aporten su unicidad y, en conjunto, eleven el blend. Las hojas se organizan sobre un único lienzo que unifica etiqueta y contraetiqueta, reforzando la idea de conjunto, continuidad y equilibrio.
El logotipo se construye a partir de la Q espiralada, sello unificador de este portafolio.


Un ícono dentro de un sistema
El desarrollo del packaging de Quirón partió de una premisa clara: su valor no surge de aislarlo, sino de entenderlo dentro del sistema.
Dialoga con Quimera, Quimerino, Memento y Diamante, diferenciándose por profundidad y significado, no por exceso de recursos.
El impacto del proyecto estuvo en consolidar una pirámide de blends clara y coherente, ordenar el portafolio y proyectar a Quimera como un sistema vivo, capaz de crecer sin perder identidad.
Cuando la estrategia es sólida, el diseño encuentra su lugar natural: organiza, jerarquiza y construye sentido.



